De la idea
a la realidad.
Cómo un lugar, un paisaje y una forma de vivir se convirtieron en una casa familiar contemporánea.
La Canalosa · Alicante · España
Algunas casas se inventan.
Otras nacen de un lugar.
Alma del Monte no empezó con un plano, sino con una pregunta: ¿cómo quieres vivir aquí de verdad — con el sol, la luz y el silencio del interior?
Todo lo que siguió — la arquitectura, los materiales, el agua, el paisaje — nació de ese punto de partida. No se añadió capa a capa: se pensó junto desde el primer boceto.
El lugar dibuja el plano.
No al revés.
La construcción de la casa.
De una ladera vacía a una casa que parece haber estado siempre. Esta es la cronología de la obra — no como diario, sino como viaje.
Al principio solo estaba la ladera.
Almendros, piedra y silencio. Una tienda de campaña para sentir cómo gira el sol sobre el terreno — antes de trazar una sola línea.

Primero dibujar, después construir.
Un volumen alargado, paralelo al valle. Cada habitación se dibujó en torno a la luz y las vistas.



De los primeros bocetos a las secciones definitivas.
Muro a muro, viga a viga.
Del primer corte en el terreno a la fachada de piedra: la cimentación y el sótano técnico, muros gruesos de aislamiento natural, la estructura de acero de la cubierta y los grandes ventanales al valle. En orden cronológico, tal como sucedió.





































No es un proyecto anónimo: son artesanos que conocen las montañas, el clima y los materiales. Cada piedra pasó por sus manos.
Y un día, allí estaba.
Blanca y serena sobre los muros de piedra, como si siempre hubiera estado allí. El terreno recibió césped, árboles y tiempo.

El muro de piedra natural.
No hay dos piedras iguales.
Precisamente por eso todo encaja.
Los muros son la firma de Alma del Monte. Piedra de la comarca, elegida pieza a pieza y colocada a mano — muros que anclan la casa en la ladera y dan al jardín sus terrazas.







El interior.
Luz, madera y cal. Dentro, la casa continúa el paisaje: materiales suaves, techos altos de vigas y perspectivas que siempre terminan en algún punto del valle.













El interior tal como se diseñó — materiales, luz y perspectivas.
Tecnología autosuficiente.
Todo lo que la casa necesita sale del propio terreno. No es un escaparate de tecnología, sino una cadena lógica: generar, almacenar, usar y devolver.

El sol hace el trabajo.
Un campo de placas en el terreno, orientado al sol de invierno. En el punto con más horas de sol de la parcela — no en el tejado, sino en el paisaje, bajo y discreto.

Reserva para la noche.
Las baterías del sótano técnico guardan la energía del día para la noche y el invierno. El inversor lo reparte todo en silencio — la casa ni se entera.

El agua se guarda,
no se gasta.
El agua de lluvia se capta y se almacena bajo tierra en grandes depósitos. En un paisaje donde cada litro cuenta, la reserva no es un extra: es la base del confort diario.
Depurar y devolver.
El agua usada se depura biológicamente y vuelve al terreno. Así se cierra el ciclo: lo que la casa toma, lo devuelve al lugar.